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Manifiesto! Manifiesto! Manifiesto! Manifiesto!

1. Más investigación

El cáncer de mama es ya una crisis de salud pública. En 2024 murieron 6.604 personas en España, de las cuales 6.513 eran mujeres. Cada año se diagnostican más casos, cada vez en mujeres más jóvenes: 36.395 en 2024 y se estima que en 2025 serán 37.682. La Sociedad Española de Oncología Médica advierte que, si no se prioriza la investigación, en las próximas dos décadas la incidencia del cáncer podría aumentar hasta un 60% y en 2050 hasta un 77%.

No podemos permitir que la falta de recursos condene a generaciones enteras. Sin investigación no hay futuro. Necesitamos inversión pública suficiente, laboratorios que trabajen con transparencia y una apuesta clara por que los avances lleguen a todas.

Hoy, gran parte de los fondos del “rosa” no se destinan a la investigación real, y cuando se hace, termina alimentando laboratorios que después se lucran con los tratamientos que necesitamos para vivir. La investigación debe estar al servicio de la vida, no del beneficio económico. Soñamos con una farmacéutica pública que recoja los frutos de lo invertido colectivamente y garantice que los avances lleguen a todas, sin retrasos ni desigualdades.

Urge también una legislación y unas políticas presupuestarias que den prioridad a la investigación en cáncer de mama (especialmente el metastásico) y que desarrollen tratamientos innovadores para mejorar la esperanza y la calidad de vida de quienes convivimos con esta enfermedad.

2. Cáncer de mama metastásico: El cáncer de mama no siempre se cura

El cáncer de mama metastásico es la cara más dura y olvidada de esta enfermedad. Hasta un 30% de las mujeres diagnosticadas en estadios iniciales acabarán desarrollando metástasis, y entre un 5 y un 6% ya reciben el diagnóstico cuando la enfermedad está extendida.

La metástasis puede aparecer incluso años después de haber terminado los tratamientos, y hoy por hoy sigue siendo incurable. La esperanza de vida tras el diagnóstico de metástasis es de apenas 4 o 5 años, de hecho el 78% de las pacientes no llegan a superar los 5 años. La realidad es que el cáncer de mama metastásico es responsable de la mayoría de las muertes por esta enfermedad que mata a una mujer cada 90 minutos en el estado español y, sin embargo, sigue siendo el que menos inversión recibe en investigación y tratamientos. Invisibilizarlo en los discursos públicos no solo desinforma, también condena al silencio a miles de mujeres que lo padecen.

Reivindicamos mayor financiación específica para el cáncer de mama metastásico, acceso inmediato y equitativo a medicamentos innovadores aprobados por las agencias reguladoras, y la creación de protocolos integrales de atención adaptados a esta fase de la enfermedad. La investigación es vida y debe centrarse en desarrollar terapias que superen resistencias, mejoren la calidad de vida y ofrezcan esperanza a quienes conviven con la metástasis. Pero no se trata solo de fármacos.

Vivir con cáncer de mama metastásico implica tratamientos constantes, efectos secundarios acumulados, desgaste físico y psicológico, y una fuerte carga emocional para pacientes y familias. Por eso exigimos un abordaje multidisciplinar que incluya psico-oncología, cuidados paliativos, fisioterapia, manejo del dolor y acompañamiento social entre otros. El objetivo no puede ser únicamente alargar la vida, sino garantizar que esos años se vivan con calidad, dignidad, autonomía y apoyo.

3. Post cáncer: el cáncer de mama no es un añito malo

El cáncer de mama no termina cuando finalizan las sesiones de cirugía, quimioterapia o radioterapia. Para miles de mujeres empieza entonces otra etapa igual de difícil: la de convivir con secuelas físicas y emocionales que afectan a la vida diaria. La fatiga crónica, el insomnio, el dolor articular, la osteoporosis, los problemas cardíacos, la niebla mental, la infertilidad o la menopausia precoz son efectos secundarios que no desaparecen y que muchas veces no reciben la atención necesaria.

Sobrevivir al cáncer no significa volver a la vida de antes. Implica aprender a vivir con un cuerpo y una mente transformados por los tratamientos. Sin embargo, el sistema sanitario sigue sin ofrecer un seguimiento integral que atienda estas necesidades.

Exigimos unidades que incluyan fisioterapia, nutrición, atención ginecológica especializada, sexología y salud mental. Necesitamos recursos que nos permitan tener una cálida de vida en condiciones dignas. La salud mental en particular no puede seguir siendo la gran ausente. Ansiedad, depresión, miedo a la recaída, duelo por la pérdida de la fertilidad o de la imagen corporal son realidades que deben formar parte del abordaje oncológico.

Reclamamos apoyo psicológico gratuito, estable y especializado para todas las pacientes, porque el cáncer no es solo una enfermedad del cuerpo, también lo es de la vida entera.

4. Acabar con las desigualdades: salud pública

El cáncer de mama no golpea a todas por igual. El acceso a diagnósticos, tratamientos y cuidados no puede depender del código postal ni de la capacidad económica. Hoy, demasiadas mujeres se ven obligadas a pagar pruebas privadas para obtener un diagnóstico precoz o acceder a terapias innovadoras que el sistema público todavía no financia. Esta desigualdad condena a la precariedad sanitaria a quienes menos tienen y vulnera el principio de equidad que debería regir la salud pública.

Necesitamos cribados más tempranos y gratuitos, adaptados a la realidad de que cada vez más mujeres jóvenes desarrollan la enfermedad. Reclamamos centros de referencia distribuidos por todo el territorio, con protocolos unificados de actuación, y una ratio profesional/paciente que permita atender con dignidad a cada persona. El lugar donde una mujer viva no puede determinar sus posibilidades de sobrevivir ni su calidad de vida. Además, la atención al cáncer de mama no puede limitarse a la dimensión médica.

La enfermedad arrastra a muchas mujeres a la vulnerabilidad económica, al desempleo o a la exclusión social. Los tribunales médicos siguen dando altas laborales a pacientes en pleno tratamiento, incluso a mujeres con cáncer metastásico, mientras que las bajas consumen el paro de quienes estaban desempleadas en el momento del diagnóstico. Las autónomas, por su parte, carecen de una red suficiente de protección y muchas se ven obligadas a cerrar su actividad.

Reclamamos una reforma laboral y administrativa que contemple la realidad del cáncer como enfermedad de largo recorrido, con incorporación progresiva, flexibilidad horaria y criterios de incapacidad coherentes en todo el territorio.

Por eso exigimos coordinación real entre sanidad, servicios sociales y el sistema laboral: el cáncer de mama no se combate solo en los hospitales, también se enfrenta en el terreno de los derechos sociales y laborales.

5. No al Pinkwashing

El 19 de octubre no es un día para campañas comerciales ni para llenar escaparates de lazos rosas. Es una jornada de denuncia, de memoria y de exigencia política.

Denunciamos el uso del cáncer de mama como herramienta publicitaria que trivializa nuestro dolor y reduce una enfermedad compleja y devastadora a un gesto superficial de marketing. Cada año vemos cómo empresas lanzan promociones y espectáculos en nombre de la solidaridad, mientras apenas destinan un mínimo porcentaje de lo recaudado a la investigación o a la mejora de la atención sanitaria. Muchas de esas mismas marcas ni siquiera revisan la toxicidad de sus productos ni asumen su responsabilidad en la prevención. Se benefician de la imagen rosa mientras nosotras seguimos enfrentándonos a listas de espera, falta de recursos y tratamientos inaccesibles.

El cáncer de mama no es un lazo, no es un color, no es una historia de superación individual. Es una enfermedad grave que exige políticas públicas, investigación y cuidados. Por eso decimos alto y claro: basta de pinkwashing. Queremos compromiso real, no campañas publicitarias.

6. Prohibición de las sustancias tóxicas y cancerígenas que nos enferman

La prevención del cáncer de mama no puede reducirse a recomendaciones individuales como “llevar una vida sana” o “tocarse el pecho”. Mientras nos trasladan la responsabilidad, seguimos expuestas a sustancias tóxicas y cancerígenas en el aire que respiramos, en la alimentación, en productos de consumo cotidiano y en entornos laborales contaminados. La prevención real empieza mucho antes de la autoexploración o de los hábitos de vida.

Respiramos, comemos y consumimos a diario sustancias cancerígenas que nadie regula con la firmeza necesaria. Queremos políticas valientes que vayan a la raíz del problema: prohibir los contaminantes y químicos que nos enferman, exigir responsabilidad a las industrias y garantizar entornos saludables. La prevención primaria no puede convertirse en una moral individual, sino en una decisión política que proteja nuestra salud por encima de los beneficios económicos.

Exigimos un compromiso político firme para proteger nuestra salud frente a la industria que nos enferma. Queremos que se legisle contra la toxicidad cotidiana y que se investigue con transparencia el impacto de estas sustancias. Porque mientras nos dicen que llevemos “una vida sana”, el sistema tolera un modelo de producción que nos envenena. Prevenir el cáncer de mama es un deber público, no una elección privada.

El Cáncer de Mama No es Rosa

Tener cáncer de mama no es un asunto individual. Cada una de nuestras vidas es una historia colectiva, es la historia de todas y de todos. Por eso, este domingo 19 de octubre no será un día de escaparates rosas ni de mensajes vacíos, sino una jornada de lucha y de reivindicación. Porque las cifras de las muertes por esta enfermedad son demoledoras y claramente nos señalan que estamos antes un problema de Salud Pública.

Pero lo más demoledor es despedir a nuestras compañeras: Marta, María, Irantzu, Itxaso, Patricia, Eider, Maider, Paula, Iride, Sara, Laura, Naiara, Mariset, Leire, Belén, Iratxe, Aitziber, Agurtzane, Sonia, Miriam, Maribel, Olga, Cristina, Rakel, Eva,Erika, Ainara, Elena, Andrea, Charo, Nuria…No son números, eran nuestras amigas, hermanas, parejas, hijas… Basta con mirar a uno y al otro lado para comprobar que todos y todas tenemos un caso cercano. Esa larga y dura enfermedad de la que muere tanta gente se llama cáncer. NOMBRÉMOSLA.

Hoy nos concentraremos en Madrid, Bilbao, Donosti, Barcelona y Valencia para decir alto y claro que el cáncer de mama no es rosa: es marrón, es gris, es negro… es dolor, es dignidad, es vida en común. Queremos investigación real, atención integral, equidad en la salud pública, fin del pinkwashing y medidas políticas que prohíban las sustancias que nos enferman.

Porque solo juntas podemos cambiar las cosas, porque nuestras demandas son colectivas, porque la vida de las mujeres no se negocia.

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